¿Me visto cómo me siento?, o ¿cómo me quiero sentir?

Una buena costumbre que he perdido es la de preparar cada noche, la ropa del día siguiente. Sin embargo esta conducta anticipatoria, tiene de interesante que  elegimos el atuendo según nuestra necesidad para el día siguiente: ¿cómo queremos sentirnos ante el día que nos espera?, ¿ante los lugares en los que estaremos y las personas con las que nos vamos a relacionar?.
 
Es recocido el papel de la terapia de color, por ejemplo en los colegios españoles hace más de 30 años que predomina el verde, o similar, para infundir relajación y concentración en los alumnos. 

Siguiendo con la influencia del color, imaginemos la influencia de los colores que vemos durante más horas seguidas, de forma a menudo insconsiciente: la ropa que llevamos puesta.

Más allá del efecto del color, la intención que le ponemos a casi cualquier actividad y más al hecho de vestirse para uno mismo y para presentarse ante los demás, tiene el poder de hacernos sentir preparados según sea necesario: enérgicos, negociadores, próximos. 

Es muy conocido también el efecto sobre comprador de un hipermercado una música con más ritmo en las horas punta para agilizar el circuito de compra o al contrario para facilitar el regocijo en la compra.



Recientemente he conocido la existencia de un radio en internet que ofrece la posibilidad de elegir la música en función del estado de ánimo. desde el optimismo, la intensidad, lo sentimental o lo melancólico de varias décadas de música. Ir a Rockola

 Otra cuestión es : ¿Elegimos la música según nos sentimos o según nos queremos sentir?. 



Miedo y toma de decisiones

Hace mucho tiempo que no veía a tantas personas y organizaciones alrededor teniendo que tomar decisiones importantes. En unos casos si optar por el atuempleo, en otros casos si emigrar... y en el caso de empresas si hacer grandes ajustes de plantilla o si buscar nuevos mercados.


Si algo nos cuesta es tomar decisiones. Nos genera estrés y en algunos casos miedo ya que no somos capaces de asumir ciertas consecuencias. Para rebajar el nivel de tensiones en este tipo de situaciones podemos hacer algunas cosas:

1.- Asumir el peor escenario: seguro que una vez descrito comprendemos que todavía nos dejará margen para seguir adelante. si decidimos sobre el miedo a lo que podemos perder siempre seremos conservadores y por tanto al no arriesgar, es posible que siempre nos quedemos a las puertas de nuestros objetivos.

2.- Una vez hecho un análisis y tomado una decisión convencerse de que será adecuada. De esta forma, lo mismo que le ocurrió a Pigmalión, estaremos trabajando consciente e insconcientemente para vayamos a buen puerto. Tengamos en cuenta que muchas de nuestras decisiones son emocionales, incluida alguna relevante como la compra de una casa. Debemos dejar un espacio a lo que sentimos para tomar decisiones, es posible que ese impulso sea correcto. (Ver vídeo)





3. Aplicar la regla 10-10-10: consiste en preguntarse de qué forma nos afecta la decisión que vamos a tomar en los próximos 10 minutos, 10 meses y 10 años. Esto nos puede ayudar a ver beneficios importantes a largo plazo aunque existan dificultades dentro de 10 minutos o en 10 meses. Así desbloqueamos algunos miedos y conseguirmos un buen motivo para afrontar valientemente una decisión.


En la próxima decisión seamos conscientes de que: decidir significa renunciar.



Cine: el algoritmo de la actitud

Hoy hablamos de un documental que indaga en la capacidad humana para afrontar la vida de forma positiva, incluso en momentos de dolor emocional (resilencia).


Los pensamientos y reflexiones de cuatro personas se cruzan. Ellos no se conocen pero a veces, mientras ven la tele, navegan por internet o pasean por la calle, todos se preguntan cómo influye en su vida su forma de concebir la realidad.
Un documental amateur y sin ánimo de lucro, en el que se conjugan con buen ritmo algunos experimentos y datos científicos con los testimonios de cuatro personas que narran abiertamente sus aprendizajes y experiencias.

El título de este documental refleja la paradoja de su contenido. La actitud es todo lo contrario a un algoritmo, (Conjunto ordenado y finito de pasos que permite hallar la solución de un problema). Más bien nos encontramos ante muchos caminos que nos llevarán a nuestro futuro. Y cada persona elije el suyo o al menos la forma de encarar el presente que vive.

A partir de una interpretación del Mito de Pigmalión se comienza un camino de reflexión sobre la influencia de la actitud en aspectos de la vida tan diversos como la educación, la salud, el trabajo y por supuesto, la felicidad. Un camino con intención de abrir preguntas y generar pensamientos más que de dar respuestas correctas.



El Algoritmo de la actitud, es la ópera prima de Mª Paz Santiago con la que hemos colaborado para que este proyecto se hiciese realidad ya que encaja con la filosofía de reflexión y mejora que promueve este blog. 


Esperamos que dejes tu opinión en un comentario. Gracias

Comprometerse

Hace unos días cenaba con un grupo de personas cuando uno de ellos hizo alusión a que se estaba dejando el pelo crecer para donarlo.  Nunca había oído nada igual así que me explicaron que se utiliza para la realización de pelucas para enfermos de cáncer. 

El donante en cuestión es un estudiante de últimos cursos y voluntario en una ONG, que ante la imposibilidad de hacer otro tipo de aportación más tangible decide obtener dinero a costa de su imagen personal. Algo que para muchos otros jóvenes resultaría un precio demasiado alto. 


No importa tanto si la medida es eficaz o sólo vistosa. Lo importante es que cuando las personas decidimos comprometernos  con un proyecto abandonamos los motivos de "por qué no se puede" para concentrarnos en "qué hace falta para que se pueda".


Este joven nos enseña un gran ejemplo de lo que significa COMPROMISO. 


"En un plato de huevos con jamón, la gallina participa, el cerdo se compromete" 



¿Por qué? o ¿Para qué?

Somos buenos justificando nuestros comportamientos. Tanto es así, que a veces  sólo utilizamos la información para re-confirmar nuestros propios prejuicios, nuestras ideas preconcebidas.


En este sentido preguntarnos ¿por qué hacer algo? nos lleva justificarnos en el conflicto con la otra persona, en querer darle una lección o cosas similares.

Sin embargo, preguntarse ¿para qué? nos lleva a pensar en el resultado. No importan las ganas o motivación para hacer algo, ¿para qué? nos coloca cara a cara con las consecuencias tanto positivas como negativas de nuestras decisiones. 

A vueltas con las definiciones

Del ultimo seminario sobre coaching recuerdo el vivo debate sobre los límites del coaching, la práctica clínica de la psicología,  la formación o  la consultoría.
En ese momento no me interesó mucho el debate. Pero me pareció divertida la necesidad de establecer rayas entre ellos y nosotros. Salí prácticamente con las mismas dudas que entré y ahí siguen algunas de ellas.


¿Qué no es coaching?

1.- Sobre la Psicología escribe Yoriento "Cierto es que ambas áreas se encaminan  hacia la solución de un posible problema de las personas afectadas; pero mientras la psicología trata al individuo como un enfermo, que necesita de un tratamiento y de un especialista que solucione su estado (incluida la necesidad de fármacos)".

He hecho un breve seguimiento de 4 personas que han seguido una terapia psicológica al mismo tiempo y en diferentes ciudades. Ninguna de las cuatro tuvo un diagnóstico patológico si bien recibieron sesiones de desarrollo. Por cierto, en dichas sesiones utilizaron técnicas y herramientas compartidas con el proceso de coaching. Sin embargo un coach no podría haber diagnosticado si había una patología, por ejemplo depresión, ni por supuesto tratarla. 

2.- Rodrigo Miranda dice, no es Mentoring. El concepto de mentor se asocia con el de una persona que forma a alguien a su imagen y semejanza. Bueno, esa intencionalidad se la ponemos nosotros. Quizá el mentor quiere ofrecer su experiencia a su mentado sin coartarle su propio desarrollo. ¿Sería entonces coaching?
Supongo que el coach no debería transmitir su sistema de valores, o creencias limitantes a su coachee, el mentor lo haría orgulloso de trasmitir su sabiduría.
El de coach no tiene esa connotación. El coach no transmite conocimientos. No imparte formación pero si ofrece conocimientos en técnicas y herramientas. 
Si alguien no cumple un compromiso, un mentor podría decir: "Usted me ha desilusionado desilusionado". En cambio un coach dice: cambio, "Esto es lo que usted dijo que haría, y no lo está haciendo". Esa es una gran diferenciación para el que específicamente el coach necesita entrenamiento y talento. 

3.- 
 No es consultoría. Porque  los consultores traen sus propias soluciones. El mismo escueto argumento se aplica a los psicólogos. Como si el cliente/paciente no dirigiese en ambos casos su propio desarrollo a partir del papel facilitador, y ahí está la clave, porque en este concepto podrían caber muchas de estas técnicas con diferentes nombres.

4.- 
 No es formación. La formación transmite conocimientos. Unas veces si y otras entrena habilidades o cuestiona creencias limitantes, pero en grupo. Este tipo de planteamiento se utiliza a menudo en concreto para el desarrollo de habilidades directivas y es formación tradicional. En ella el formador es claramente un facilitador. 

5.- Eso respecto a todo lo que no es. Pero la gran dificultad es saber lo que si es o dicho de otra manera que técnicas tiene cabida en el proceso. Juan C. Cubeiro lo define como “preguntas abiertas, con descubrimiento personal, con la valentía de atreverse a actuar, con mejora en el comportamiento”. 
Y que ocurre cuando utilizamos un vídeo, una lectura, preguntas dicotómicas, o explicamos la existencia de creencias erróneas. ¿Eso no es no coaching?

Hacer por hacer

Nunca me resulta fácil reflexionar sobre la felicidad. Quizá por hetereo o subjetivo o porque es de esos conceptos que tanto en programas de televisión como en una barra de bar se manejan con facilidad..

Todavía tengo a medias El Viaje a la Felicidad pero de lo ya leído, y también de otros autores sobre las claves de la felicidad, destacaría la siguientes ideas:

1- "Los ricos también lloran". Es una buena expresión para recordar que la felicidad declarada por las personas no correlaciona con su capacidad económica. Todo ello a partir de cubrir las necesidades básicas, claro.
En un año las personas agraciadas con premios como la lotería declaran el mismo grado de felicidad que anteriormente. No correlaciona con la clase social, la localización geográfica o los climas extremos.

2.- "Mejor con amigos". Ya no es sólo que los casados se declaren más felices que los solteros, es que la soledad en general parece que no facilita declararse feliz.

3.- "Hacer para los demás desinteresadamente". Y eso implica obtener proporcionalmente a la inversión. Si hago algo recibo algo. Si invierto mucho de mi obtendré mucho para mí.

"Si no hago algo por los demás ¿qué valgo?
Si no lo hago yo ¿quién?
Si no lo hago ahora ¿cuándo?"
M.Gandhi

4.- "Hacer por hacer". Es decir, sin un objetivo. No deja de ser paradójico que educados para guiar nuestros comportamientos hacia nuestros objetivos, esto nos genera una tensión que no nos deja disfrutar.
Así que si dejáramos de lado de lado la necesidad de aprobación de los demás, nuestro perfeccionismo y limitaciones por el estilo, sabríamos que cuando uno se entrega por entero a una actividad placentera para uno, está cultivando su estado de felicidad.

Y sobre esto me gustaría contaros una experiencia pero será ya en el siguiente post.